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Peanuts, mi blog, un sitio donde publicaré cada capitulo de mi novela. Soy principiante en esto, pero espero que os guste, tengo mucho que contar...

sábado, 27 de agosto de 2011

Capítulo 34


Tras esperar todos en silencio frente a la puerta de la casa, Eric volvió y la abrió. Entramos dentro, se estaba bastante bien comparado con el frio que hacía fuera.
Por supuesto, teníamos hambre, y no nos íbamos a poner a cocinar. Por lo tanto, teníamos que ir a comprar algo.
-Yo quiero una hamburguesa.
-Yo una pizza.
-¡Ah! Pues la compartes conmigo.
-Pues yo quiero un kebab.
-¡A callar! Aquí se come lo que yo digo. –Dijo con seriedad Eric. –Bueno, era broma, no os pongáis así…
-Pues entonces ve tú a por la comida, ya que eres el que decide. –Contestó soberbiamente Danny.
-Eh, sí, claro. ¿Quién se viene?
Nadie contestó, fuera hacía muchísimo frío, y estaba lloviendo con fuerza.
-Bueno, pues vente tú conmigo. –Me dijo finalmente mientras me agarraba del brazo.
Pero volvió a dar media vuelta cuando ya estábamos en la entrada, y les dijo a los demás que no hiciesen mucho ruido, ni travesuras, ni nada por el estilo. Salimos fuera, nada más abrir la puerta, una ráfaga embriagadora me invadió el cuerpo, apenas me dejó respirar durante unos instantes. Eric me vio, y cortésmente me ofreció su chaqueta.
-¿Tienes frio? ¿Quieres mi chaqueta? –Me preguntó.
-Sí. –Dije sin preámbulos.
-Vaya, viva la cortesía, ¿no? –Se quitó la chaqueta y me la puso sobre los hombros.
Aun así, me acerqué a él, y este me rodeo con un brazo mientras andábamos hacia el restaurante de comida rápida. Pedimos la comida, entramos en calor dentro, pero al salir fue mucho peor, volvió el frio, las gotas heladas y la oscuridad de la noche.
Volvimos rápidamente a la casa, pero, justo lo contrario de lo que dijo Eric, allí estaban gritando y haciendo tonterías. Por supuesto, el cabecilla era Alex.
-Ya estamos. –Dijo amablemente Eric, ignorando el barullo.
-Oye, yo no es por nada, pero no pienso dormir con el vestido. –Se quejó Michaela.
-Pues quítatelo. –Contestó Charles.
Todas las chicas le miraron impresionadas, pero los chicos apenas hicieron caso del comentario.
-¡Era una broma! –Se defendió este.
-Creo que tengo algo por aquí para vosotras. Bueno, para vosotros. A ver, ahora vengo.
Se fue a un dormitorio, y al cabo de un rato, volvió con unos cuantos pijamas.
-Son de… Bryanna.- Dijo cuidadosamente. –No creo que le importe.
Danny y yo le miramos de la misma forma, ninguno de los dos entendimos cómo habían llegado allí, pero no dijimos nada más. Trajo bastantes camisetas largas y varios pantalones cortos, cosa que me molestó más, ¿Por qué había más camisetas que pantalones? Lo dejé pasar, mientras nos vestíamos, los chicos también se pusieron pijamas.
Cuando entramos, Eric y Charles aun no se habían puesto la camiseta, pero al vernos entrar en el salón, rápidamente se acabaron de vestir.
Comimos, y seguimos hablando, hasta que el sueño pudo con nosotros. Danny dormía con Courtney, y Alex con Rachel. Nadie supo cómo, pero al final, Charles y Michaela se durmieron juntos, y Chelsea se quedó en un sofá. Yo, por supuesto, me quedé con Eric. Nos dormimos tras una larga charla.
Me desperté en mitad de la noche, estaba sudando. Fui al servicio, y me lavé la cara,  aunque no sabía bien donde estaba el baño, pude llegar allí sin dificultad. Al abrir la puerta para salir, allí estaba Eric, en la puerta. Tenía un trapo en la mano, antes de poder saludarle, me lo puso en la cara, y, espontáneamente, se oscureció todo. Cuando me desperté, estaba atada de pies y manos en la cama, y Eric, me sonreía mientras cerraba la puerta. Podía hablar, pero no lograba articular ninguna palabra.
Logré ver como se acercaba a una mochila, y de ahí, saco algo envuelto en telas. Sacó un cuchillo. No pude evitar que me temblasen las piernas. Lentamente, se sentó sobre mis piernas, con el cuchillo en la mano.
-Me quieres, ¿verdad? –Me susurró.
No pude decir nada, mis lágrimas recorrían mis mejillas, simplemente asentí con la cabeza.
-Pues, para que siempre me recuerdes, te dejaré la marca…
Con el cuchillo en mano, me levantó la camiseta lo suficiente para que tuviese la barriga al aire. Con delicadeza, apretó el arma contra mi piel, rasgándola suave y lentamente. Quería gritar, pero por más que abría la boca, no podía sacar más que un suspiro. Me estaba escribiendo algo, notaba las gotas que descendían por mis costillas, un ardor intenso en la piel que acababa de ser separada, por la que salía sangre, mucha cantidad. Se me hizo eterno, pero, al fin terminó. Noté todo mi cabello mojado de las lágrimas, y después, un terrible frío que dejó la humedad de estas.
Se levantó, y fue al baño. Oí como corría el agua, y luego un mueble de abrirse, y volverlo a cerrar. Al cabo de unos minutos volvió, otra vez tenía un pañuelo, y me estremecí, pero este goteaba. Ahora no quería anestesiarme, era peor. Me quitó la sangre sobrante de los cortes con el pañuelo, pero, para mi sorpresa, estaba empapado en alcohol. Me escocía, muchísimo, pero no podía hacer nada, por mucho que me moviese, apenas conseguía retrasarle más, y eso era lo que menos me convenía.
-Ya está, al menos, no se te infectará. –Me dijo con felicidad.
¿Qué le pasaba? ¿Se había vuelto loco? ¿Me quería de verdad? No podía llegar a ninguna conclusión, tenía miedo, estaba paralizada, retorciéndome de dolor, pero a la vez, sin poder moverme.
Me soltó las ataduras, y conseguí moverme, muy despacio, pero algo era algo. Seguía con la camiseta levantada, pero el viento y el frio me aliviaban un poco…
Eric se fue de la habitación, si de verdad me quería, no sabía por qué me hacía sufrir tanto.
Me di cuenta que había un espejo en la misma habitación en la que me hallaba. Me miré, y me escribió una frase, con letras mayúsculas: ‘’Todo saldrá bien. ’’

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